Teoría del Apego

Repaso de la teoría del apego y su aplicación en la educación canina

Jesús Úbeda ~ Menudo Perro

5/20/202621 min read

La teoría del apego en clave perro

Los perros son sensibles a nuestros estados emocionales y se ven influenciados por ellos como hemos visto en el artículo dedicado a las emociones. Los estudios mencionados en dicho artículo muestran como una emoción negativa afecta al rendimiento del perro en una tarea cognitiva o como los niveles de cortisol (hormona del estrés) del tutor correlacionan con los del perro. Otros marcadores fisiológicos, como los niveles de oxitocina, hormona relacionada con el vínculo, la confianza y el cuidado, muestran cambios en tutores y perros similares a los observados entre padres e hijos. Tras un contacto visual se incrementan los niveles de oxitocina en ambos casos (Rehn y Keeling, 2016; Nagasawa y otros, 2015).

A día de hoy, lo normal es que los perros convivan en un grupo social humano y no en un grupo social formado exclusivamente por perros. Por lo tanto, nosotros somos los responsables de cubrir sus necesidades y motivaciones, incluidas las sociales, además, de enseñarles las normas para adaptarse al mundo que los rodea.

¿En qué consiste la teoría del apego?

El término apego ha pasado del ámbito académico y clínico al lenguaje común, y por supuesto al mundo de la educación canina. La popularización de la teoría del apego ha venido acompañada de una sobre simplificación y distorsión de los conceptos que componen la compleja teoría del apego. Para poder entender la teoría y cómo podemos aplicarla al mundo canino vamos a hacer un repaso por su historia siguiendo el manual de Ignacio Serván (2023).

Comenzaremos por una serie de definiciones del apego desde el marco conceptual académico. El apego puede entenderse desde diferentes perspectivas, por lo que no existe una definición cerrada de este concepto:

• Como teoría o metateoría. La teoría del apego propone que la forma de vincularse de la persona proviene de la pauta interactiva entre el adulto y el niño.

• Como sistema motivacional. El sistema de apego sería innato y necesario para la supervivencia durante la infancia en la que dependemos de los cuidadores para desarrollarnos. En este punto podríamos relacionarlo con las motivaciones epimelética y et-epimelética.

• Como conducta. La conducta de apego hace referencia a cuatro comportamientos orientados a la figura de referencia o apego: proximidad, distrés en la separación, base segura desde la que explorar y puerto seguro al que volver en caso de sentir peligro. Conductas que también observamos en los perros.

Uniendo ideas

La teoría del apego es muy compleja y ha ido evolucionando desde su surgimiento durante el siglo pasado. La búsqueda de seguridad y la referencia que supone un tutor para un perro podría asemejarse a lo observado en humanos. Este hecho podría guiar las terapias de ayuda a perros con dificultadas basándose en la teoría del apego y, por tanto, en la relación. Son de especial interés los conceptos de MOI o representaciones disposicionales, la sensibilidad materna, la transmisión intergeneracional y la mentalización. Al margen de las clasificaciones de estilos de apegos, el factor determinante será cómo influimos en el desarrollo de estos y qué consecuencias tiene sobre el bienestar del perro. ¿Podemos utilizar la máxima de es la relación la que acude a terapia y no el individuo en el trabajo con perros? Primero repasemos estos conceptos y un poco de historia de la teoría del apego para situarnos.

Historia

La primera piedra en la teoría del apego fue puesta por el médico y psicoanalista londinense John Bowly. Sus estudios iniciales estaban centrados en la maternidad y su influencia posterior en el individuo. El argumentario de su teoría giró en torno a tres pilares principales: observaciones clínicas de pacientes con alteraciones de personalidad, observaciones y grabaciones de niños hospitalizados en los que se reflejan los efectos de la separación; y el evolucionismo y los estudios de la impronta entre los que destacan los estudios de Harlow, Lorenz y Hindle. Desde este inicio la teoría ha ido creciendo y desarrollándose.

Entre las aportaciones de Bowly se encuentran los Modelos Operativos Internos (MOI). Los MOI son estructuras mentales de representación de la realidad. son múltiples y pueden ser contradictorios debido a que se forman a través de las interacciones con los referentes significativos (p.ej. el niño con sus padres, o el cachorro con su tutor). Los MOI influyen en las expectativas de cómo nos relacionamos, la seguridad básica y organizan la experiencia subjetiva, es decir, qué espera el individuo de una relación y qué seguridad le aporta. Sufren la paradoja de que los MOI guían la percepción, pero son sensibles a las nuevas experiencias por lo que los hace dinámicos y susceptibles de cambios a través de diferentes experiencias. Ha de haber un equilibrio entre esta guía de la percepción y el cambio sujeto a las nuevas experiencias, para mantener un continuo en la experiencia vital y la identidad, ser flexible a través del cambio. Sin embargo, si el desarrollo no es adecuado pueden aparecer MOI rígidos que nos lleven hacía la dependencia, la desconfianza y la falta de valía personal.

Continuando con el repaso teórico al apego aparece la figura de Mary Ainsworth quien fue colaboradora de Bowly y una figura muy relevante en el desarrollo de la teoría del apego. Entre sus aportaciones se haya la prueba de la situación extraña o situación del extraño, así como el termino de sensibilidad materna.

Por un lado, la situación extraña es el procedimiento de evaluación del apego en la primera infancia más consolidado (y que también se ha utilizado en perros). Es una situación de laboratorio con tres individuos: la madre/figura de referencia, el infante y un desconocido. Estos tres actores participan de una sesión en la que la figura de referencia entrará y saldrá de escena, dando lugar a situaciones en las que el infante siente una moderada inseguridad que hace aflorar la conducta de apego, permitiendo así su evaluación.

Por otro lado, la sensibilidad materna consiste en la capacidad para recibir, interpretar y responder adecuadamente a las señales y comunicaciones del infante. La sensibilidad materna tiene cuatro componentes principales:

1. Dar y recibir información recíproca con el infante.

2. Ser contingente a la conducta del menor.

3. Ajustarse a través del cambio. Los infantes llevan a cabo procesos madurativos que cambian sus necesidades a lo largo del desarrollo, por lo que las figuras de referencia deben ajustarse a cada etapa.

4. La cualidad y calidad de la conducta materna: contingente, que entienda los límites, que sea de calidad, etcétera.

Volviendo a la situación extraña, Mary Ainsworth, identificó tres patrones de respuesta que derivaron en tres tipos de patrones de apego observados durante esta prueba. La conducta de apego mostrada durante la prueba no es una característica intrínseca al infante, no es heredada o innata en su personalidad, si no que depende de la diada, del vínculo entre el cuidador y el infante. Esto quiere decir, que se pueden observar diferentes patrones de conducta durante la prueba de situación extraña, que se asocian con diferentes estilos de apego, según el cuidador con el que está realizando la prueba. A medida que se va desarrollando el infante y va madurando sí que estos patrones relacionales pasarían a ser parte de su personalidad, influyendo sobre su estilo relacional y el procesamiento de la realidad.

Los patrones conductuales observados fueron descritos como:

- Seguro (B). Protestaban en la separación y se calman cuando se reencuentran. Los cuidadores dan respuestas rápidas y eficaces ante las demandas del infante.

- Evitativo (A). No protestan al separarse y evitan el contacto en el reencuentro. El cuidador no se muestra disponible para el niño.

- Resistente o ambivalente (C). Se resisten al consuelo en el encuentro. Los tutores no son coherentes, navegando entre la desatención y la aproximación.

Siguiendo la prueba de la situación extraña, Mary Main, alumna de Ainsworth, observo un cuarto estilo: el desorganizado (D). Los niños que no se podían clasificar dentro de las tres categorías sufrían un mayor riesgo psicosocial que los tres grupos descritos por Ainsworth.

- El desorganizado durante la prueba de la situación extraña realiza acciones incompatibles y contradictorias. En el cuidador se observan conductas de miedo y presencia de traumas y duelos no elaborados.

Tras los estudios de apego desorganizado se introdujo el conflicto de atracción/evitación como un conflicto irresoluble en casos de maltrato, que indicaba presencia de desorganización. A día de hoy, no se considera un estilo de apego.

Mary Main desarrolló una entrevista a progenitores como parte del protocolo de la situación extraña. Gracias a esta se observó una relación entre los aspectos formales del discurso parental y el estilo de apego del infante durante la prueba de la situación extraña. Lo importante no estaba en el contenido del discurso, si no, en como organiza la información y configura su mundo interno. Mediante la entrevista se pudo clasificar a los padres siguiendo los mismos estilos de apego de la situación extraña y se observó una correlación entre el 68 y el 85% entre el estilo del progenitor/figura de referencia y el del infante.

Fonagy continuó estudiando cómo se traspasaba el estilo de padres a hijos y desarrolló los conceptos de funcionamiento reflexivo y transmisión intergeneracional. El funcionamiento reflexivo podría ser clave para saltar de un tutor con estilo de apego A o C a uno B, evitando la transmisión intergeneracional de la inseguridad. ¿En qué consiste el funcionamiento reflexivo? Es la función mental que organiza la experiencia y explica el comportamiento de los demás en términos de estados mentales que explicarían esa conducta. Es decir, esa persona está realizando esa tarea porque tiene ese estado mental. Por ejemplo, está gritando porque siente dolor o está gritando porque está eufórico. Este concepto está relacionado con el de mentalización el cual ha transcendido más en el ámbito clínico. La mentalización confiere la habilidad de distinguir entre:

- Realidad externa e interna. Congruencia entre lo sentido y lo ocurrido. Que la realidad y la percepción de esta no discrepe.

- Autenticidad/simulación en el funcionamiento psíquico.

- Procesos mentales y emocionales/ comunicaciones interpersonales. Lo que nos transmiten los otros, y su estado mental subyacente.

Estos conceptos serán muy relevantes en el trabajo con perros y como el tutor gestiona la discrepancia entre lo que el perro hace, como él lo interpreta y lo que el lenguaje canino nos dice que está pasando. Pero continuemos con el repaso a la teoría del apego.

El enfoque más clásico de la teoría del apego habla de estilos de apegos desde un enfoque categorial, pero posteriormente aparecieron los enfoques dimensionales para solventar las limitaciones de los primeros.

De estos modelos el más completo es el propuesto por Crittenden quien, al igual que Mary Main, fue discípula de Ainsworth. Crittenden se aproximó a la teoría del apego con un historial de investigación en el campo de la protección infantil, lo que guio su atención hacia los niños no clasificables en la prueba de la situación extraña.

Critteden elaboró el modelo de desarrollo madurativo y adaptación (DMM-A) caracterizado por:

- Tres componentes:

o Relación única, duradera y afectivamente cargada.

o Estrategia para protegerse a uno mismo.

o Patrón de procesamiento de la información que subyace a las estrategias.

- Abarca el desarrollo evolutivo completo (infancia a madurez).

- La protección frente al peligro como principal organizador de la conducta. Las tres motivaciones de protección principales son: de uno mismo, de la capacidad reproductiva y de la progenie. En diadas desorganizadas estas tres necesidades pueden entrar en conflicto.

- Los peligros y capacidad para afrontarlos del individuo varían a lo largo del desarrollo, por lo que los patrones y estrategias para afrontarlos también deben hacerlo de forma dinámica.

- Muy centrado en los modelos de procesamiento y transformación de la información. Utiliza el concepto de representaciones disposicionales que serían las tendencias a la acción ligadas a diferentes sistemas de memoria guiados por claves contextuales. Podríamos definirla como sesgos aprendidos que guiarán la experiencia y conducta en una situación concreta.

- El término desorganización se limita a casos muy concretos. En general los tipo D (desorganizados) estaría integrado por tipos organizados que no integran la información correctamente.

El DMM-A define los patrones siguiendo dos dimensiones:

- Dimensión horizontal. En un polo estaría la información afectiva y en el otro la cognitiva. En el centro la capacidad para integrar ambos tipos. Esta dimensión se relaciona con los estilos de apego encontrados por Ainsworth: información cognitiva tipo A, información emocional C y en el medio los B.

- Dimensión vertical. Está relacionada con la distorsión de la información registrada. En un poco estaría la integración de la información de manera realista y en el otro quien modifica y falsea los sucesos.

El cruce de ambas dimensiones daría lugar a un modelo como el observado en la figura inferior.

Los estilos de apego descritos no son categorías estancas. Si no que un sujeto puede compartir propiedades de dos dimensiones contiguas horizontal o verticalmente. Son de especial interés para la desorganización cuando hay dimensiones A-C que combinan estrategias no integradas evitativas y otras de tipo ambivalente-resistente.

Actualmente, los modelos de mayor aceptación científica de clasificación de los estilos de apegos se inclinarían hacía los modelos dimensionales. Un aspecto importante también respecto a la clasificación categorial es el concepto de desorganizado. Actualmente, no se considera un estilo de apego desorganizado más allá de la prueba de la situación extraña. El término desorganizado se utiliza en momentos en los que el sujeto no puede integrar la información y actúa de forma descontextualizada. Este tipo de conductas puede ser fácilmente observable en perros en los que el contexto les supera y se “desorganizan” reaccionando de forma desmesurada sin atender a la realidad, etc. Esta extrapolación a perros es especulativa, pero a la vez es más acertada y precisa que el secuestro amigdalar que se usa comúnmente.

Sistemas motivacionales interpersonales

El sistema de apego no actúa en solitario si no que forma parte de otros sistemas motivacionales. Interpretarlo dentro de un conjunto de sistemas facilita su compresión y asienta los postulados de la teoría. ¿Qué es un sistema motivacional? Sistema de reglas para la acción que guían el comportamiento hacía un objetivo concreto. Los sistemas motivacionales interpersonales (SMI) se activan frente a señales sociales:

- SMI de apego. Se activa frente a señales de vulnerabilidad, sufrimiento o peligro para el individuo. Su fin es la cercanía física con otro que provea de protección o bienestar.

- SMI de cuidado. Se activa ante señales de demandas de ayuda y consuelo. Su fin es proteger a la integridad de los miembros del grupo.

- SMI agonístico. Sistema que regula conductas de dominancia y sumisión. Se activa a partir de los dos años (en humanos) y sirve para establecer rituales agonísticos en orden de establecer los rangos dentro del grupo social.

- SMI de cooperación paritaria. Cuando dos miembros unen esfuerzos con un objetivo común. El fin es articular la satisfacción de necesidades individuales y colectivas.

- SMI de interacción sexual. Se activa tras la pubertad y está destinado a maximizar las posibilidades reproductivas.

Si nos paramos a pensar podemos ver como estos cinco grandes sistemas motivaciones interpersonales pueden englobar a las motivaciones que describí en el artículo anterior. Especialmente la motivación epiméletica y et-epiméletica podríamos relacionarlas directamente con la diada del apego.

Situación extraña en perros

Los perros prefieren estar cerca de sus tutores en situaciones estresantes y ansiogénicas (Kerepsi y cols. 2014). Lo que nos indica la activación del sistema motivacional de apego en situaciones de miedo. Por lo tanto, ¿cómo se comportarán en la prueba de la situación extraña?

Hay autores que no han encontrado indicios evidentes de conductas similares a las mostradas por infantes durante la prueba de la situación extraña (Prato-Previde y cols., 2003), mientras que otros autores sí que han encontrado conductas similares a los infantes (Ryan y cols. 2019). En esta línea, Sipple y cols. (2021) han observado que en momentos como los vividos durante la situación extraña (novedosos y ansiogénicos) los perros prefieren la presencia del tutor a la de perros convivientes.

Curiosamente en perros de protectora, es decir, perros sin un referente fijo, tras un período de familiarización con una persona, prefieren la presencia de esta persona conocida a la de un extraño, y buscarán más contacto físico y social con este que con un extraño (Gácsi y cols., 2001).

Curiosamente, hay estudios en los que muestran una inversión en los roles de la diada, siendo en estos casos el perro la figura de referencia (Zilcha-Mano y cols. 2012). Otros autores, no describen la diada como la de padre-hijo si no un vínculo de apego adulto-adulto, más recíproco y en igualdad de condiciones (Scandurra y cols. 2022).

Si nos centramos en los estilos de apego clásicos, dejando de lado la progresión hacia los modelos dimensionales debido a su dificultad de traslación al perro, Solomon y cols. (2019) pudieron clasificar a los perros en los estilos de apego clásico.

Apego seguro (tipo B). Los perros se mostraban cercanos y buscaban contacto con su tutor. Mantenían la mirada durante al menos 10 segundos con su referente. Tanto la proximidad, como el contacto, no era aversivo. El perro se permitió explorar la habitación antes de la primera separación de forma independiente. Esta exploración se mantuvo en ausencia del tutor, sin distrés. Los perros que se clasificaron dentro de este grupo dormían también durante la sesión en contacto con su referente.

Apego inseguro-evitativo (tipo A). Los perros dentro de este grupo no buscaban la proximidad, ni el contacto con su tutor. Cuando el tutor le llama en la sala, el perro se gira, observa y no responde al tutor. Hay poca búsqueda del referente, con la excepción del momento en el que el perro se queda solo en la sala.

Apego inseguro-ambivalente (tipo C). Los perros buscan contacto de forma muy intensa con el cuidador. Este contacto no es agradable para el perro como en los tipo B, si no que está acompañado de distrés. En la separación, presenta vocalización y búsqueda por la sala, pero no como lo hacía el tipo B, si no mostrando conductas similares a la ansiedad y agitación. En presencia del tutor se queda cerca de él sin explorar.

Inseguro desorganizado (tipo D). En este tipo de apego incluyeron los perros que realizaban conductas contradictorias como, por ejemplo, distrés en la separación, pero evitación en la reunión.

¿Cuál es el papel del tutor?

El estilo de apego resultante del perro puede ser en muchos casos menos interesante que cómo afecta el estilo del tutor en la conducta del perro. Rehn y Keeling (2016) analizaron la adecuación de la respuesta del tutor en una situación estresante. Si la respuesta es adecuada tendrá un efecto positivo sobre el perro, sin embargo, si falla en responder coherentemente da lugar a que el perro pruebe diferentes conductas para llegar al tutor. En consecuencia, la relación se puede resquebrajar y dar lugar a una relación insegura en la que el perro no confía en su tutor como parte activa de la relación.

El hecho de no responder de forma coherente a las necesidades del perro provoca que dejemos de ser un referente en la búsqueda de seguridad para el perro o que nuestra presencia le genere incomodidad o desconcierto.

El estilo de apego en adultos marca como nos vinculamos con otros adultos y con nuestros perros. Lockyer y Oliva (2020) observaron que tutores con un estilo de apego C (ansioso/ambivalente) mostraban ese tipo de vinculación también con sus perros. En esta línea, Siniscalchi, Stipo y Quaranta (2013) vieron que en la prueba de la situación extraña el estilo de apego del tutor correlacionaba con el del perro, efecto que puede ser similar al observado entre tutores e infantes.

Rehn, Beetz, & Keeling (2017) también pudieron observar que existía una clara relación entre el estilo de apego de cuidador y la conducta del perro en situaciones estresantes, en las que el sistema motivacional interpersonal de apego se activa en busca de cuidado y protección. No obstante, en su estudio los resultados no confirmaron sus hipótesis iniciales. Por ejemplo, planteaban que en situaciones estresantes los perros vinculados con referentes con un estilo de apego seguro (tipo B) buscarían más ayuda del tutor en estas situaciones. Estos perros, sin embargo, estuvieron más orientados hacia el estímulo estresante que hacía el propio tutor, lo cual podría indicar la no búsqueda de ayuda ante dicho estímulo. Esta hipótesis está planteada desde el prisma de que el perro se comportará como un infante durante las pruebas, sin embargo, el perro evaluado es un individuo adulto. El hecho de que el tutor tenga un estilo de apego seguro ha podido dar lugar a predisposiciones disposicionales que permiten al individuo explorar el mundo con seguridad y autonomía. Esta autonomía difiere del estilo de apego evitativo (tipo A) ya que en este caso esta autonomía es forzada por la falta de confianza en el referente, pero en el tipo B es fruto de la propia confianza en sí mismo y en la seguridad de que en caso de necesidad su referente aparecerá.

Al margen del estilo de apego del tutor, si la salud mental de este es pobre y su personalidad tiende hacia en el neuroticismo, es más probable que el perro desarrolle un estilo de apego ansioso-ambivalente (tipo C) (Stahl, y otros, 2023). En este mismo estudio, observaron que los perros con un estilo de apego tipo A (evitativo) son los que generan un mayor grado de conductas no deseadas. El tipo A no buscará ayuda en el referente por lo que afrontará las situaciones por su cuenta, pero sus habilidades pueden no ser suficiente para gestionarlas, lo que dará lugar a esas conductas no deseadas.

Aplicaciones

Cuando empezamos a trabajar con un perro de manera profesional por solicitud de sus tutores, tanto en la corriente positiva como, sobre todo, en la respetuosa, operan principios de la teoría del apego.

En ambos enfoques se produce un cambio en las dinámicas de interacción entre el tutor y el perro. El hecho de hacer un entrenamiento basado en refuerzo positivo (chuches) está cambiando cómo observa y cómo responde el tutor ante el perro, y el perro empieza a observar una coherencia entre su conducta y la del tutor que antes podría no existir. Además, para poder hacer adiestramiento es necesario una cosa: saber qué le gusta al perro para poder reforzarle, por lo que implica un esfuerzo por conocerle y por entender las señales que transmite el perro para comunicarse con nosotros. En general, conocer mejor el lenguaje y la comunicación canina y estar presente en paseos y cuando compartimos espacio y tiempo con los perros mejorará nuestra relación, ya que podremos cubrir mejor las necesidades que nuestros perros manifiestan. Principalmente, podremos actuar de forma correcta a las circunstancias que están viviendo.

Entre los conceptos más relevantes de la teoría del apego están los MOI o representaciones disposicionales, la sensibilidad materna, la transmisión intergeneracional y la mentalización. Estos conceptos están pobremente estudiados dentro de la relación entre perros y personas, y menos aún en las prácticas terapéuticas o de modificación de conducta en canis familiaris. La influencia del estilo de apego y la personalidad del guía en el perro ha sido probada con suficientes datos como para poner el foco en estos conceptos cuando estudiamos las relaciones de la diada perro-humano. La sensibilidad materna, recordemos, hace referencia a la capacidad para recibir, interpretar y responder adecuadamente a las señales y comunicaciones del infante. Esto aplicado a la educación canina se puede trasladar directamente. El hecho de poder atender correctamente a las señales y comunicaciones del perro y de adaptarse a sus necesidades a lo largo del desarrollo facilitará que el cachorro llegue a ser un adulto con una mejor adaptación y un estilo de apego seguro.

En esta misma línea, podemos seguir con el concepto de mentalización. La sensibilidad maternal podríamos pensarla más cuando interactuamos con cachorros, y la mentalización con adultos. La mentalización o capacidad reflexiva del tutor permitirá que él mismo gestione mejor las situaciones y pueda servir de apoyo seguro al perro. En este sentido, conocer mejor las motivaciones del perro para poder hacer una buena extrapolación de la conducta es vital. Además, el tutor en este punto es responsable de sí mismo y de la gestión de sus propios problemas y casuísticas que puedan derivar en una pobre gestión de las situaciones problemáticas con el perro. Los datos que han sido aportados tanto de contagio emocional, como de influencia del estilo de apego y la personalidad del tutor así lo corroboran. Por lo tanto, parte del éxito en la terapia de modificación de conducta canina o terapia canina a secas, pasa por la psicoterapia del tutor. Tener una buena salud mental es fundamental para poder ser cuidadores. En este caso del perro.

Los MOI o representaciones disposicionales, aunque más complejos de estudiar, serán los que guíen las expectativas del perro durante las experiencias sociales. Si el perro tiene una buena relación con sus referentes y su grupo social, será más fácil para él gestionar a personas y perros nuevos que aparezcan en su vida y que encuentre en los paseos por la calle. Aunque más relevantes que los MOI que puedan generar los perros a los que no podremos acceder por imposibilidad para evaluarlos, es relevante los MOI que pueda haber generado el tutor y cual es su forma de vincularse y las expectativas que deposite en este tipo de vínculo

Conclusiones

La teoría del apego es sumamente compleja e interesante. Puede ofrecernos un marco teórico sobre el que trabajar el vínculo entre humanos y perros. Desde esta teoría se pone el foco en el papel del tutor en la mejora del vínculo y del estado del perro. Aunque muchos más estudios son necesarios para asentar las bases y procesos de esta teoría en el mundo canino, tenerla en mente ayudará a los educadores caninos a establecer unas buenas bases en sus procesos terapéuticos. Muchas veces los problemas de convivencia que aparecen con nuestros perros no es responsabilidad de ellos si no como nosotros estamos enfocando la relación y de los problemas acumulados que debemos resolver de forma paralela a la que aprendemos a entender y comunicarnos con nuestro perro.

Ser consciente de nuestro estilo de vinculación y la personalidad de un perro concreto también puede ayudarnos en los procesos de adopción a elegir al mejor compañero para nosotros, y poder ser el mejor compañero a su vez para ellos. Quizás si tengo un estilo vincular tirando a la evitación un perro de presa deseoso de contacto e interacción no es la mejor opción, o si necesito una gran presencia y contacto con el perro un perro primitivo deseoso de independencia no sea el mejor emparejamiento posible. La necesidad de control, seguridad, predictibilidad y otros aspectos de la personalidad son muy importantes a la hora de la adopción, conocernos a nosotros mismos y un conocimiento previo del individuo a adoptar engrasará la futura convivencia en busca del mejor “match” posible.

Bibliografía

  •  D'Antello, B., Scandurra, A., Pinelli, C., Martinelli, L., & Mongillo, P. (2022). Is this love? Sex differences in dog-owner attachment behavior suggest similarities with adult human bonds. Animal Cognition, 25, 137–148.

  •  Gácsi, M., Topál, J., Miklósi, Á., Dóka, A., & Csányi, V. (2001). Attachment behavior of adult dogs (Canis familiaris) living at rescue centers: Forming new bonds. Journal of Comparative Psychology, 115(4), 423–431.

  • Lockyer, J. M., & Oliva, J. L. (2020). Better to have loved and lost? Human avoidant attachment style towards dogs predicts group membership as ‘forever owner’ or ‘foster carer’. Animals, 10(9), 1679. https://doi.org/10.3390/ani10091679

  • Nagasawa, N., Mitsui, S., En, S., Ohtami, N., Ohta, M., Sakuma, Y., ... Kikusui, T. (2015). Oxytocin–gaze positive loop and the coevolution of human–dog bonds. Science, 348(6232), 333–336.

  • Prato-Previde, E., Custance, D. M., Spiezio, C., & Sabatini, F. (2003). Is the dog-human relationship an attachment bond? An observational study using Ainsworth's Strange Situation. Behaviour, 140(2), 225–254.

  • Rehn, T., & Keeling, L. J. (2016). Measuring dog-owner relationships: Crossing boundaries between animal behaviour and human psychology. Applied Animal Behaviour Science, 183, 1–9.

  • Rehn, T., Beetz, A., & Keeling, L. J. (2017). Links between an owner's adult attachment style and the support-seeking behavior of their dog. Frontiers in Psychology, 8, 2059. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.02059

  • Ryan, M. G., Storey, A. E., Anderson, R. E., & Walsh, C. J. (2019). Physiological indicators of attachment in domestic dogs (Canis familiaris) and their owners in the Strange Situation Test. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 13, 114. https://doi.org/10.3389/fnbeh.2019.00114

  • Servan, I. (2023). Desorganización del apego. Clínica y psicoterapia con adultos. Desclée De Brouwer.

  • Siniscalchi, M., Stipo, C., & Quaranta, A. (2013). "Like owner, like dog": Correlation between the owner's attachment profile and the owner-dog bond. PLOS ONE, 8(10), e78455. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0078455

  • Sipple, N., Thielke, L., Smith, A., Vitale, K. R., & Udell, M. A. (2021). Intraspecific and interspecific attachment between cohabitant dogs and human caregivers. Integrative and Comparative Biology, 61(1), 132–139. https://doi.org/10.1093/icb/icab054

  • Solomon, J., Beetz, A., Schöberl, I., Gee, N., & Kotrschal, K. (2019). Attachment security in companion dogs: Adaptation of Ainsworth’s Strange Situation and classification procedures to dogs and their human caregivers. Attachment & Human Development, 21(4), 389–417. https://doi.org/10.1080/14616734.2019.1582592

  • Stahl, A., Salonen, M., Hakanen, E., Mikkola, S., Sulkama, S., Lahti, J., & Lohi, H. (2023). Pet and owner personality and mental wellbeing associate with attachment to cats and dogs. iScience, 26(6), 107379. https://doi.org/10.1016/j.isci.2023.107379

  • Zilcha-Mano, S., Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2012). Pets as safe havens and secure bases: The moderating role of pet attachment orientations. Journal of Research in Personality, 46(5), 571–580.