El malestar

En este post exploraremos como el malestar, tanto físico, como emocional o psíquico afectan a la conducta y son causantes de muchos de los problemas de convivencia que enfrentamos.

Jesús Úbeda ~ Menudo perro

2/18/202610 min read

El malestar

El tema que vamos a tratar hoy es la causa principal por la que los tutores solemos contactar con un educador canino en busca de ayuda. Muchos de los problemas comportamentales que sufre nuestro perro vienen por un motivo principal: el malestar.

El malestar puede estar provocado por diferentes motivos: podemos sufrir malestar físico con consecuencias psíquicas y viceversa, malestar psíquico con consecuencias físicas o somáticas. La experiencia de ese malestar puede derivar en “vicios” o problemas comportamentales que van a dificultar la convivencia, por ejemplo: ladridos excesivos, irritabilidad, respuestas desproporcionadas (reacción a perros desconocidos), miedos, problemas para quedarse solo en casa, etc.

Cuando entramos en el malestar psíquico el panorama es algo más complejo que cuando estamos en el plano físico. La principal barrera de atención al malestar psíquico es la falta de conocimiento de las necesidades básicas de la especie y su antropización. Entender que un perro no es una persona y que tienen necesidades propias de la especie es necesario para el cuidado adecuado de nuestros perros. Es importante comprender que un perro no es un niño humano, es muy importante porque: interiorizarlo nos hará mejores tutores y respetaremos mucho más a nuestro perro. Aceptar que es un perro, es más, que es un perro adulto (si es el caso) es importante para respetar sus necesidades específicas.

El bienestar emocional del perro está en parte medido por su carácter emocional. Este es fruto de factores ambientales y genéticos. Hay perros que tienen genéticamente una tendencia a una sensibilidad emocional mayor y perros que no. Esta sensibilidad puede afectar tanto al nivel de activación, a umbrales de respuesta, a tendencias de respuesta, etc. De todas formas, la genética es tendencia, y las vivencias del perro, especialmente aquellas que acontecen en los primeros meses de vida, son vitales para el desarrollo del carácter emocional del perro. Durante estos meses que actuemos como una base segura para el perro ayudará a desarrollar un carácter más resiliente y seguro de sí mismo, así como una mayor estabilidad emocional y mejor adaptación al ambiente.

Los problemas físicos pueden no ser fáciles de detectar, aunque debido a que los podemos asemejar a los nuestros es más fácil entenderlos y ser empáticos con ellos. Una causa de malestar físico en nuestros perros es una alimentación inadecuada a la especie. Una mala alimentación deriva en malestar gastrointestinal, problemas de piel, dentales, alergias, etc., que restan bienestar al perro. Otro foco de malestar físico sería el dolor. El dolor puede venir por problemas estructurales, como una displasia; contracturas, golpes, tumores, etc. Para detectar el dolor en el perro es importante atender a cambios en su forma de actuar y observar al resto de perros cuando vemos algo particular en el nuestro que nos haga pensar, “¿Por qué hará eso? ¡Que perro más raro!”. Cuando algo no es normal nos puede estar aportando mucha información del estado en el que se encuentra el perro. En general, cualquier condición veterinaria no atendida o no identificada puede ser causa de malestar que redunde en problemas psíquicos y comportamentales.

Cuando existe malestar por causas emocionales viene provocado por la experiencia de emociones negativas. Si estas se mantienen en el tiempo pueden derivar en problemas emocionales y conductuales de difícil tratamiento. El hecho de estar sufriendo ese malestar lleva al perro a diversas conductas para librarse de él, inicialmente dirigidas hacia el foco de malestar y si no se puede operar sobre este, se buscan conductas de descarga emocional. Conductas de descarga emocional pueden ser: morder o romper objetos, correr rápido y en bucles, pis, sacudirse, etc. A estos pueden seguir mecanismos compensatorios, que serían actividades placenteras para el perro como rastreo, basureo, masticar, etc. Y finalmente con ansiedad anticipatoria, que llevaría a un sesgo cognitivo negativo en la interpretación de la realidad. Este sesgo actúa como un filtro pesimista del mundo en el que no esperas que cosas buenas o positivas ocurran. Hay tres fuentes principales de malestar emocional: la hiperestimulación que lleva al fastidio, la irritación o molestia, por estímulos que van en contra de las motivaciones del individuo, y la inseguridad por la exposición a situaciones que atentan contra el bienestar y el confort del individuo.

Un desarrollo del carácter emocional adecuado se consigue en gran medida a través de nuestra presencialidad consciente. El hecho de estar presentes de forma consciente nos permite atender a las necesidades de nuestro perro. Él nos transmite su estado emocional y se comunica con nosotros para resolver las situaciones, pero para que esto ocurra nosotros debemos ser fiables para ellos y demostrar que estamos ahí, si no, ¿para qué nos van a pedir ayuda si no somos confiables?

Hemos hablado también de una fuente de malestar relacionado con la falta de atención a las motivaciones etológicas del perro. ¿Cuáles son las motivaciones del perro? Es una pregunta que como tutores responsables debemos hacernos.

Las motivaciones

Siguiendo a Roberto Marchesini, podemos entender las motivaciones: “como “verbo-deseos” – por ejemplo: perseguir, reunir, defender, explorar – es decir, deseos en busca de contenido para poder traducirse en acciones reales.”

Como hemos dicho, comprender las motivaciones del perro nos ayudará a generar bienestar en él, entenderle y ayudarle cuando lo necesite. Nos vamos a detener a ir una tras una para entender cuáles son las motivaciones del perro.

1. Motivación gregaria o social. Puede ser intraespecífica e interespecífica. Intraespecífica habla del deseo por relacionarse con miembros de su misma especie, el placer de estar con otros perros que no pertenecen al grupo familiar. Es importante atender a esta necesidad ofreciéndoles entornos seguros en los que satisfacerla como puede ser un grupo de socialización.

Las motivaciones interespecíficas hacen referencia a relaciones sociales con seres de otras especies, en las que la humana cobra especial relevancia para el perro. Sin esta motivación no podríamos convivir perros y humanos. Los perros tienden a buscar el contacto con el humano de diferentes formas, acordes a su personalidad y preferencias. Entender su forma de relacionarse con nosotros favorecerá el vínculo con ellos.

2. Motivación kinestésica. El movimiento es en sí placentero y auto reforzante y el perro que es (en su mayoría) un atleta nato disfruta de la actividad física. El ejercicio permite mantener un buen estado de salud y actúa como amortiguador del estrés diario, igual que para las personas. Siempre hay que ajustar el ejercicio a las necesidades y capacidades del individuo.

3. Motivación silérgica. Esta motivación está relacionada con portar objetos. Algo que podemos observar especialmente a los perros pertenecientes a razas retriever. Es el deseo de llevar el objeto a un lugar seguro o casa. Son acumuladores de objetos y los portarán en momentos en los que haya una alta emocionalidad (por ejemplo, al llegar a casa).

4. Motivación epimelética. La motivación del cuidado del otro, muy relacionada con el cuidado maternal. Eso no la limita a la madre, si no que puede ser ejercida por otros miembros del grupo hacia el cachorro.

5. Motivación Et-Epimelética. Búsqueda de consuelo y cuidado en el tutor u otros perros. Esta motivación está más presente en cachorros y perros dependientes. Aunque en adultos seguros y normativos también aparece.

6. Motivación competitiva. Se puede competir por diferentes cosas como espacios, comida, juego, afecto u objetos. Esta motivación requiere de la atención del tutor ya que si no se ponen limites (que permitan su expresión) puede derivar en conductas de agresión intra e interespecíficas. Saciar esta motivación es vital para evitar que derive en problemas relacionados con la agresión.

7. Motivación posesiva. Tener un objeto, relacionado con la conservación y la protección de recursos. De nuevo, la posesión de recursos es normativa, pero debemos tener presente cuando no está saciada correctamente y no hay una buena comunicación ya que también puede derivar en agresión.

8. Motivación perlustrativa. Esta motivación es la relacionada con la exploración del entorno. Es normal que un perro al llegar a un sitio desconocido necesite explorarlo de arriba abajo, permite y acompaña si es necesario.

9. Motivación exploratoria. Es similar a la anterior, pero orientada a objetos. Por ello puede prestar más interés en el juguete nuevo e ignorar el viejo.

10. Motivación para la investigación. Orientada a objetos ocultos, pero familiares, como la búsqueda de un juguete por la casa o un objeto marcado con un olor concreto.

11. Motivación somestésica. Exploración del propio cuerpo. Muy relevante en cachorros de cara al autoconocimiento.

12. Motivación colaborativa. Esta motivación es vital en la relación humano-perro, ya que está relacionada con hacer cosas juntos y colaborar para alcanzar un objetivo. Alcanzar y satisfacer esta motivación hará del vínculo con tu peludo más especial. Se puede dar también entre perros que colaboran y realizan actividades juntos.

13. Motivación comunicativa. Motivación para expresar lo que siente y necesita. Favorece la comprensión del otro y hacerse entender a sí mismo.

14. Motivación afiliativa. El deseo de pertenecer a un grupo pequeño y familiar. Disfrutar del contacto de familiares no significa necesariamente que nuestro perro quiera relacionarse con otros perros y personas ajenas al grupo familiar.

15. Motivación territorial. Motivación por defender un territorio de extraños o intrusos que son percibidos como amenaza. A mayor sesgo negativo del perro, menos permeabilidad hacia extraños. Importante también ser una parte importante nosotros en esa territorialidad y no delegarla totalmente en el perro. Por ejemplo, es interesante ser nosotros quienes recibamos a las visitas en casa para asumir ese rol de gestión del territorio. De esta forma asumimos esa preocupación nosotros.

16. Motivación protectora o defensiva. En relación a otros miembros del grupo o cachorros.

17. Motivación de cortejo. El coqueteo por atraer a una pareja sexual es también una motivación relevante en el perro.

18. Motivación depredadora. Relacionada con la caza y la persecución de sujetos y objetos.

Estas motivaciones pueden o no darse en todos los perros, aunque hay tres que sí que están presentes: la motivación social/afiliativa, predatoria y posesiva.

La falta de satisfacción de las motivaciones del perro equivale a la no satisfacción de necesidades. La no satisfacción de necesidades redunda en malestar.

El bienestar

Las necesidades de un individuo parten de las fisiológicas (estar libres de hambre, sed, enfermedades, bienestar climático…), pero no se limitan a ellas. Nuestros perros necesitan algo más que una cama cómoda y un plato de comida diario. Ese es el mínimo necesario para sobrevivir, no obstante, sobrevivir no es vivir. Para que un perro pueda vivir en condiciones de bienestar hay que respetar su etograma, es decir, su repertorio comportamental y motivacional. Para el bienestar del perro son de especial importancia:

- Tener un grado de libertad de movimiento adecuado.

- No estar en situaciones alejadas de su naturaleza y sin capacidad de decisión para poder resolver eventos conflictivos y molestos.

- Gozar de un ambiente adecuado para él a nivel motivacional, exploratorio, lúdico y experiencial.

- No vivir en un ambiente donde la emoción principal que experimente el perro sea el miedo.

- Respetar su periodo de desarrollo y poder vivirlo frente a una figura parental adecuada. Es decir, que se respete el tiempo mínimo (y a poder ser más) de permanecer con la madre y sus hermanos, y que cuando llegue a casa encuentre en nosotros una figura de referencia segura y confiable.

- Convivir con relaciones sociales adecuadas a la especie y el individuo.

Estos puntos es necesario adecuarlos al individuo y no solo a la especie. Las necesidades físicas varían de forma genérica por raza, pero también por individuo. No todo es la morfología, hay que tener presente la personalidad de cada individuo, el perro con el que convives no es un perro sin más, es [inserte aquí su nombre] con sus gustos, motivaciones, particularidades y características, conocerlo es el primer paso hacia el bienestar de él. Conocerlo desde el marco etológico del perro y no desde nuestra perspectiva humana es extremadamente relevante.

Algo que ha marcado la evolución conjunta de perros y personas ha sido la colaboración en diferentes actividades: caza, búsqueda, pastoreo, guarda y descanso (centinelas nocturnos, calor corporal en zonas frías…). El perro es una animal gregario y grupal, hasta el punto de tener un yo extendido en el que cuando hacemos una actividad juntos no es hago esto, si no, hacemos. El perro necesita participar en actividades conjuntas y que nos involucremos con ellos. Esa participación es parte de la libertad del perro. Dicho esto, no implica que el perro no tenga autonomía y se embarque en tareas por sí mismo. Todos necesitamos nuestro espacio y es necesario para el desarrollo individual.

Conclusiones

Si tenemos todo presente percibimos que para tener un perro sano mental y físicamente debemos atender no solo a su estado de salud y sus necesidades fisiológicas, sino también a sus necesidades emocionales y motivacionales. Desatenderlas dificultará nuestra convivencia con el perro y puede ser catastrófica para este. El hecho de vivir constantemente en malestar puede tener consecuencias a largo plazo con difícil remisión y con un claro detrimento en la calidad de vida de nuestro perro. Teniendo presente la naturaleza del perro y sus motivaciones debemos pensar en cómo enfocamos nuestros problemas con el perro. Cuando busquemos ayuda, en un perro que sufre malestar, buscar una conducta no va a “curar” su estado. Que quiero decir, si el perro ladra y nuestro objetivo es que no ladre, no vamos a actuar sobre la causa del malestar, esto puede provocar que lo desviemos hacía otra conducta problemática. El objetivo ha de ser conocer por qué lo hace y como lo resolvemos. El primer paso para resolver los problemas conductuales de nuestros perros es mirarlos. No nos limitemos a exaltar lo guapos que son o lo cansados que nos tienen con sus “particularidades”. Miremos qué hacen, qué nos dicen, qué les gusta, con qué disfruta... En definitiva, quién es. Si entendemos quien es será más fácil que nos adaptemos los unos a los otros y mejore nuestra convivencia. Convivir requiere esfuerzo mutuo, tanto de nosotros como de nuestros perros, no dejemos el esfuerzo en un solo lado. Hagamos cosas con ellos adecuadas a sus gustos y nuestras necesidades. Hay un gran abanico de posibilidades desde el juego lúdico, deportes como la obediencia o el mantrailling, caminar por el campo, explorar lugares nuevos, cobro de objetos… Si exploras seguro que encuentras la actividad que se ajusta a vosotros y en la que podéis colaborar formando el tándem humano-perro que ha evolucionado junto desde hace miles de años.

Bibliografía